La avaricia de la banca y la falta de control han desatado la mayor crisis en 80 años.

Es posible que hipotecas concedidas por entidades financieras solventes a personas sin suficientes recursos puedan ser capaces de desencadenar la mayor hecatombe financiera de la historia y poner contra las cuerdas a las principales economías mundiales? La respuesta es un rotundo, y profundamente inquietante, sí. Pero éste no es más que uno de los detonantes de la actual crisis. A este incumplimiento de cualquier decálogo bancario (no prestar dinero a alguien que no estás seguro que te lo puede devolver en los plazos previstos) se han sucedido otros factores que han agravado la situación: la aparición de toda una gama de productos subprime (los créditos de alto riesgo se empaquetaban y se vendían a inversores institucionales) que se han comercializado dentro y fuera de EE UU, el pinchazo de la burbuja inmobiliaria en algunos países, el repunte de la inflación…

Las primeras víctimas de la crisis han emergido dentro del sector financiero, con la desaparición de más de una decena de entidades de primera fila, lo que ha obligado a los Gobiernos de diferentes países, como el estadounidense, el británico, el irlandés o el belga, a inyectar miles de millones de euros en los balances o incluso a nacionalizar entidades. Cheques en blanco para evitar la caída en cadena de todo el sistema financiero mundial y el colapso de los mercados financieros. Pero, sobre todo, un generoso talón para intentar recuperar la confianza del sistema y lograr que la maquinaria vuelva a ponerse en funcionamiento con la reapertura de los mercados de capitales.

La aprobación el viernes del Plan Paulson, diseñado por el Tesoro de EE UU para evitar más quiebras y que destinará 700.000 millones de dólares a comprar estos ‘activos tóxicos’ que ahora circulan por el sistema, es un primer paso, pero no suficiente para recomponer los daños causados en estos últimos 14 meses.

Quiebras: ¿Cómo cae en bancarrota una entidad financiera?

Cualquier entidad debe mantener unos ratios de capital mínimos para garantizar su solvencia. Si éstos caen en picado, sea por una mala gestión o por la retirada de confianza de sus clientes, pasaría a estar en situación de quiebra al no poder soportar sus resultados las pérdidas acumuladas. Es lo que le sucedió a Lehman, cuarto banco de inversión de EE UU. La entidad se vio salpicada por su elevada exposición a los productos subprime y generó un agujero en sus cuentas. Se desplomó por el precipicio en cuestión de días, ya que al tratarse de un banco de inversión no contaba con depósitos con los que compensar las dificultades para obtener financiación en unos mercados de capitales cerrados a cal y canto. Cuando presentó su suspensión de pagos, Lehman declaró una deuda de 613.000 millones de euros. En España, la más reciente es la de Banesto, intervenido en 1993 por el Banco de España. En este caso, el causante del deterioro de su solvencia fue el crecimiento del crédito sin control, unido a las operaciones fraudulentas de algunos de sus gestores, lo que le condujo a consumir todo su capital y reservas y le colocó en una situación de insolvencia patrimonial.

Pero no es necesario para que un banco quiebre que incurra en pérdidas. Basta con un rumor. No hay más que recordar la estampida de depositantes que se produjo en Northern. Esta retirada de fondos puede originar también una bancarrota en cuestión de horas, ya que al agolparse los reembolsos la entidad no podría hacer frente al pago de sus compromisos. En otros casos, como Fortis, el desplome de su cotización derivó en la rápida intervención de los Gobiernos, que acudieron en su rescate, para evitar males mayores.

Antecedentes: Diferentes motivos para un colapso

La bancarrota puede estar producida por su insolvencia, como ocurrió en la quiebra de Banesto en 1993, y la incursión de las cuentas de una entidad en pérdidas o por la retirada masiva de depósitos por parte de los clientes como sucedió con el británico Northern ante la difusión de un rumor sobre su delicada situación.

Crisis sistémica: Por qué se produce un contagio tan rápido

La transmisión de las turbulencias no se ha limitado a los mercados, donde es habitual que se sigan al pie de la letra los dictados del todopoderoso Wall Street, sino que ha alcanzado a prácticamente todas las entidades del mundo. Sólo algunas de las economías emergentes permanecen, al menos de momento, al margen de esta crisis. Uno de los motivos de que este contagio haya sido tan rápido es que los grandes grupos bancarios han extendido sus redes en los últimos años por todo el planeta. Es lógico, por tanto, que Lehman Brothers, así como Merrill, Morgan Stanley, Goldman y Bear Stearns, contaran con filiales repartidas por toda Europa, que también ofrecían a sus clientes una amplia gama de activos subprime camuflados dentro de productos financieros sofisticados. Estos activos tóxicos, además, han terminado en las carteras de grandes grupos financieros europeos que en su momento no dudaron de la calidad de unos productos financieros cuyo marchamo correspondía a los gigantes de la banca de inversión de EE UU. Tampoco hay que olvidar los riesgos de las contrapartidas que mantienen en derivados las entidades financieras, ya que si quiebra una de las dos partes arrastra consigo al otro.

Pero, sin duda, la principal razón es que las turbulencias se han tornado en una crisis sistémica, en la que nadie está a salvo. En una situación de esta gravedad, el inversor no discrimina, deja a un lado el análisis de los fundamentales y sólo piensa en deshacer posiciones lo más rápido posible de aquel sector que esté en entredicho. Y, en esta ocasión, el torpedo ha dado justo en la línea de flotación de todas las economías: el sistema financiero.

Productos: Demanda de productos más sofisticados

La necesidad de prometer rentabilidades cada vez más atractivas llevó a las entidades a poner en marcha sus fábricas de productos. De este laboratorio virtual salió una oferta sofisticada, que durante los tiempos de bonanza se colocó entre institucionales con facilidad, pero que ahora se ha convertido en un castillo en el aire.

El Plan Paulson: Medidas dramáticas para tiempos extraordinarios

Devolver la confianza. La clave de bóveda del llamado plan Paulson (por el secretario del Tesoro, Henry Paulson), oficialmente conocido como Programa de auxilio de activos problemáticos (Troubled Assets Relief Program) consiste en una inyección de 700.000 millones de dólares (medio billón de euros) para estabilizar el sistema financiero estadounidense. No se trata fundamentalmente de parar la sangría bursátil de Wall Street, que también, sino de limpiar los balances de los bancos para evitar futuras quiebras e impulsar un regreso a la normalidad que devuelva la liquidez al sistema bancario y, en consecuencia, a la economía real.

‘No es la única solución necesaria, pero es un paso decisivo. Es muy importante para devolver la confianza al sistema’, valora Francis Ellison, de la gestora Threadneedle. Todas las entidades estadounidenses, o foráneas pero con presencia significativa en EE UU, pueden acogerse al plan.

El Tesoro supervisará el rescate mediante una Oficina de Estabilidad Financiera. El Estado adquirirá los llamados ‘activos problemáticos’, que se definen de la siguiente manera: ‘Hipotecas personales o comerciales y cualquier activo, obligación u otro tipo de instrumento financiero vinculado a esas hipotecas y que fuera originada o emitida antes del 14 de marzo de 2008’. La propuesta se reserva otro as en la manga, que es considerar ‘activos problemáticos’ a todos aquellos que, previo acuerdo con el banco central, ‘se determine que es necesario comprar para promover la estabilidad del sistema’.

El plan pretende deshacer así el nudo que ha colapsado las cuentas de los bancos y la actividad de concesión de créditos. Cada día que pasa, es crucial.

Malos activos: el boom inmobiliario, la raíz del problema

La fiebre de la vivienda en EE UU llevó a dar créditos a clientes que no podrían pagar a la menor dificultad. Esos préstamos se estructuraron en bonos de alto rendimiento, respaldados por las hipotecas. Cuando la debilidad económica desató una oleada de impagos, los otrora jugosos bonos hipotecarios quedaron reducidos a cenizas.

Mercado interbancario: La fuente de financiación de los bancos se seca

Distorsiones. La crisis con la que el inversor lleva más de un año peleando se ha agudizado en buena medida por la tensión que vive el mercado interbancario, lugar al que acuden los bancos para financiarse. Los problemas que atraviesan muchas entidades por su exposición a activos tóxicos ha generado pérdidas millonarias en las cuentas de resultados del sector, lo que ha convertido la liquidez en un bien codiciado. El dinero escasea y el que lo tiene no se arriesga a prestarlo al vecino por miedo a no volver a verlo o anticipando sus propias necesidades futuras. Así, en los últimos meses, debido a la enorme desconfianza que se ha generado entre las entidades, este mercado ha estado prácticamente paralizado, secándose así una de las principales vías que usaban los bancos para captar fondos. Toda esta tensión ha provocado que aquellos que finalmente sí logran financiación deban pagar unos tipos de interés desorbitados. Por ejemplo, el Ted Spread indica que los bancos han tenido que pagar intereses 300 puntos básicos por encima de los tipos de las letras del Tesoro a tres meses de EE UU.

Euríbor: Un tipo desbocado

Conseguir un préstamo hoy en día se ha convertido en una odisea para empresas y particulares. Y aquellos con una hipoteca también sufren las consecuencias de la escasez de dinero. El euríbor a 12 meses, tipo al que se referencian la mayoría de las hipotecas, está en el 5,49% cuando lo normal sería que cotizara unos 15 puntos básicos por encima de los tipos oficiales, actualmente en el 4,25%.

Cambios en el modelo: Qué ha fallado en los sistemas de control

Los supervisores y las agencias de rating vuelven a estar bajo la lupa de los mercados, que se preguntan cómo es posible que se hayan comercializado este tipo de productos, sin estar sometidos a ningún tipo de control. Los bancos de inversión independientes, cuya actividad se centra en el asesoramiento de fusiones y adquisiciones, salidas a Bolsa y emisiones de deuda, eran vigilada por la SEC, el regulador bursátil de Estados Unidos. La supervisión del resto de entidades, sin embargo, dependía de la Reserva Federal, con lo que los controles eran mucho más estrictos. Tras el fracaso de este modelo bancario, dos de las entidades que han conseguido salvarse de la quema -Merrill Lynch y Morgan Stanley- cuentan ya con la aprobación de las autoridades para convertirse en bancos comerciales, con lo que podrán captar depósitos.

En Europa, la crisis ha reabierto el eterno debate de la necesidad de una mayor coordinación entre los supervisores nacionales (ahora el Banco Central Europeo sólo tiene competencias en política monetaria) e incluso la propuesta de crear una agencia común.

Emisiones: Unas calificaciones poco acertadas

Una de las principales críticas se dirige a las agencias de rating, ya que algunos de estos productos subprime estaban calificados de triple A, el escalón más elevado que se otorga. Durante la crisis, las agencias también han quedado en entredicho al rebajar sus calificaciones sobre determinadas entidades el día anterior a su quiebra o incluso tras el anuncio de su desaparición.

El día después: El largo camino que conduce a la confianza

Con todas las críticas que algunos relevantes economistas están haciendo al plan de rescate de la banca, su materialización alejará los peores temores que pesaban sobre la economía mundial: un crac financiero de dimensiones desconocidas y la entrada en una fuerte recesión global. Pero que la crisis quede encauzada no significa que las economías de los países desarrollados y emergentes vayan a cambiar el precipicio por un camino de rosas. En primer lugar este rescate no supone que la confianza entre los bancos vuelva con rapidez. Como consecuencia, la falta de liquidez seguirá imperando, el interbancario no se relajará y, por tanto, el abaratamiento de las hipotecas puede hacerse esperar. Tampoco el dinero de los bancos volverá con fluidez a las compañías, por lo que se prevé que la actividad económica y los resultados empresariales se deterioren en 2009. Sin embargo, los ciudadanos preocupados por sus ahorros pueden recuperar la tranquilidad. Otro efecto negativo de las medidas se verá en el deterioro de las cuentas de Estados Unidos: más déficit y de nuevo tensiones sobre el dólar.

Recesión

Con Independencia del desastre de la banca, la economía de Estados Unidos y Europa estaba en vías de recesión o, al menos, de ralentización. Este giro se habría agravado si el sistema hubiese saltado por los aires. No obstante, el panorama sigue apuntado a crecimientos planos o negativos. Eso sí, con menos inflación: el deterioro trae consigo un menor consumo de petróleo y otras materias primas.

 

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